El gato negro (Parte II)

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Por Kariane Saint-Denis

Esta historia continúa…Esta vez, nuestro protagonista descubre algo que parecía imposible: un lugar en el mundo donde los gatos como él no son rechazados, sino todo lo contrario. Aquí está la esperada e increíble segunda parte de este imperdible relato.

El gato negro, ¡pero no el de Edgar Allan Poe! (Parte II)

Desde la perspectiva de cualquier otra persona (o animal), hubiera parecido que su trayectoria era aleatoria. Pero, en realidad, tenía un objetivo muy arreglado.

El gato negro no era del tipo que compartía con los demás sus sentimientos, así fueran buenos o malos. Por eso, se había guardado el secreto de su misión muy cerca del corazón. Así que estaba solitario en sus asuntos actuales, como siempre lo había estado.

Su misión se había originado hacía unos días, cuando aún estaba alojado en el refugio. Una television, destinada a entretener a los trabajadores del refugio durante sus pausas, estaba colocada de tal modo que el gato negro podía ver lo que se estaba mostrando. Si se subía al nivel más alto de la estructura para los gatos, era posible que viera toda la pantalla sin problema.

Siempre le había gustado hacer cosas humanas. Había pasado muchas noches desde este descubrimiento pegándose a la television, extasiado por el rumbo de las figuras y los colores que se desarrollaban a través de la tele. Entonces, una de esas noches, un anuncio publicitario captó su atención.

El anuncio en cuestión era sobre una promoción para viajar a Egipto, en el cual se veían turistas bien emocionados, caminando por las calles de El Cairo. Aunque el enfoque del anuncio era demostrar la belleza del país y de sus sitios magníficos, el gato negro notó algo menos ostentoso en el fondo. Vio a unos gatitos negros estirándose al sol, mientras la gente se paraba para acariciarlos y darles pedazos de comida.

Por muchos compañeros negros que se había encontrado en su vida, nunca había visto un gato negro representado de manera tan positiva y que fuese recibido con tanto amor. Estaba acostumbrado a ser expulsado de todos los lugares donde iba, y eso que siempre había sido un gato muy tierno y amable. 

Pese a su realidad vivida, las cosas parecían muy diferentes en Egipto, según lo que había visto en el anuncio publicitario. La gente de allí manifestaba no solo aprecio por los gatos negros, sino un verdadero respeto. Esto quedó claro en el anuncio cuando el guía explicó que para los egipcios, el gato negro había sido un animal sagrado desde la época en que se construyeron las pirámides.

¡Qué historia tan hermosa! Por primera vez en su vida, el gato negro sintió que podría pertenecer a algún lugar. El problema, sin embargo, era que no tenía ni idea dónde estaba ese lugar legendario y misterioso.

Aun cuando pudiera ubicarlo, tenía que asegurar una forma de llegar allí. Para eso, tenía su primera pista: la dirección de la agencia de viajes, que había mostrado el anuncio…

Por primera vez en su vida, el gato negro sintió que podría pertenecer a algún lugar
«Por primera vez en su vida, el gato negro sintió que podría pertenecer a algún lugar».


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